Cantemos desde el corazón
a la escuela de la libertad
cantemos con toda el alma
a este centro de la hermandad.
En la familia Isoldiana
se gesta la nueva patria
Querer, sentir y pensar
serán las notas sagradas.
Bondad, belleza y verdad
serán nuestras herramientas
y la libertad será nuestra fuerza.
Por la conquista del alma humana
unamos los corazones…
que canten todas las voces:
¡Presentre¡ familia Isoldiana
la nueva escuela nos llama.
Cantemos con el corazón
a la escuela de la libertad
cantemos con toda el alma
a este centro de la hermandad.
Lo bello
Lo bueno
y lo verdadero
serán el amplio sendero
que nos llevará a la auténtica paz.
ARTÌCULOS DE INTERÈS
ANTONIO MALAGÓN: Educar es facilitar el despliegue total del ser
El fundador de la primera escuela Waldorf de España, la Escuela Libre Micael, de Las Rozas de Madrid, Antonio Malagón, entiende la educación como el abrigo y el fomento del ser en toda su extensión, incluido el descubrimiento de la propia individualidad, con la que damos la posibilidad al niño de cumplir “su destino”, de que vea “la tarea” que ha de desarrollar en su vida, “los talentos que trae al servicio de la humanidad”.
Los adultos, estamos llamados a “acoger” sus preguntas, a reconocer en ellas la “chispa” de su “curiosidad reverente”, y propiciar así sus mejores “impulsos” para la acción; y todo tiene que partir de la asignatura obligatoria de los primeros años: “fantasía e imaginación”.
Malagón, estudioso de la Antroposofía propugnada por Rudolf Steiner, desde su papel también de maestro y formador de maestros de la pedagogía Waldorf(1), desvela en esta entrevista con la Fundación Ananta la importancia de la dimensión espiritual en la docencia, y defiende la asignatura de “Ética cristiana” como una cuestión de “sentido común” que nos encaminaría hacia la “salud social”.
El modo como se desenvuelve un trabajador en su profesión, asegura, es resultado directo de cómo jugó cuando fue niño. Por eso es tan importante fomentar el “juego libre” y las actividades de cooperación, así como las que desarrollan los valores de creatividad, autoestima y respeto, empezando por la veneración a la naturaleza durante los primeros años de vida. “El niño se relaciona con lo divino venerando a la Madre Tierra”, asegura. Con el mismo entusiasmo y coherencia que transmite a sus alumnos desde hace treinta años, Malagón se expresa con la claridad de quien sabe que el cielo del que habla es tan real como la nobleza de los materiales de que está hecha la Escuela. De los valores eternos que en ella cultiva, esparce semillas en cada conferencia que ofrece, igual que en cada una de sus respuestas.
Fundación Ananta:La Pedagogía Waldorf parece dar vigencia al poeta griego Píndaro (S. VI a.C) en su sentencia “llega a ser lo que eres”.
Antonio Malagón:Nuestra obligación como maestros es abrir puertas para que el niño pueda desplegar las fuerzas que trae, sus talentos individuales y genuinos, para que los aporte en el futuro a la sociedad, a la humanidad. Se trata de poner sus capacidades anímicas al servicio de la expresión de su individualidad. Así que no lo podemos encajonar, al contrario; nuestra tarea es trabajar los receptáculos para que se exprese ese potencial único que tiene que llegar a ser. Es el genio que cada uno lleva dentro; es encontrar sus capacidades, y no las que los padres o maestros quieran que tengan. Es fundamental saber acompañarlos y saber entender qué demandan con cada comportamiento, para enseñarles a discernir, poniéndoles los límites necesarios, para conformar su camino hacia la libertad.
FA:¿Una recomendación para los padres durante la primera infancia?
AM:Los padres han de reaprender cómo cuidar a un niño con los ritmos de vida naturales, algo que nuestros abuelos sabían de una forma intuitiva, y que ahora se ha perdido con el lío y la prisa del mundo de los adultos. Se trata de cuidar, en primer lugar el cuerpo, y luego toda la trinidad que somos: el cuerpo, instrumento del alma, y el alma, receptáculo de la propia individualidad, del yo.
FA:De entrada entonces, el cuerpo. ¿Lo primero es respirar…?
AM:Así es. Aprender a relacionarse con el mundo en una ida-vuelta, en actividades expansivas y de concentración, ayuda a conformar incluso sus pulmones. Todo está pensado para que el cuerpo construya una capacidad neurosensorial fuerte, perceptiva, con juguetes tomados de la naturaleza, que está a nuestra disposición para reconocerla y amarla. Lo neurosensorial, la integración sensorial determinará su pensar, mientras que en su capacidad rítmica se asentará su sentir, y en su parte metabólica y motora descansará su fuerza de voluntad.
FA:¿Por qué es tan importante el contacto con la naturaleza? AM:Durante los primeros siete años de vida, el niño debe sentirse como en un invernadero anímico y en un entorno cuidado, y no en un sistema de exigencias verbales e intelectuales. Para que llegue a tener una creatividad con corazón, la primera infancia ha de estar en relación correcta con la Creación, que -con su bondad y entrega que trae del cielo- es la relación con lo divino. En lugar de amonestación sin límites, el niño ha de percibir la coherencia del adulto junto a la veneración, asombro y respeto total a su ser. Eso genera una gran fuerza para la vida. Han de sentir lo sagrado, la atención a todas las cosas importantes. Por ejemplo, la comida requiere nuestra atención total, lo que incluye, sobre todo, nuestra actitud interior, para que sea realmente nutritiva.
FA:¿Qué efectos tienen la fantasía y la imaginación?
AM:La fantasía y la imaginación son el tema central hasta los siete años. Sin eso, cuando sea adulto, su pensar será seco, no será un pensar en posibilidades, no será creativo. La asignatura para desarrollarlo es “el juego libre”, con troncos, piñas, piedras, conchas, lanas; tocar la tierra, las sustancias naturales, que las reconozcan... y disfrazarse, imitar a los adultos en sus quehaceres. Imitando, aprenden nada menos que a erguirse y andar, todo un doctorado. Si no tienen adultos que caminen erguidos, se tuercen y no llegar a adquirir la dignidad de la verticalidad. Igualmente, por imitación aprenden a hablar y a pensar.
FA: “Tocar la tierra…”: el tacto tiene un protagonismo inmenso entonces.
AM:De hecho, a través del juego los niños desarrollan el tacto, y ese tacto se convertirá luego en creatividad y tacto de corazón y, a su vez, en el mayor arte: el arte social. Este arte se aprende inclinándose hacia la tierra, sintiéndola, transformándola… y no se puede aprender de otra manera. Cuando esto no ha ocurrido se tienen que imponer las normas sociales, los convencionalismos del comportamiento cortés…, pero lo importante es que en la primera infancia se haya integrado el respeto a todo. Tacto, equilibrio, movimiento y bienestar constituyen la base para el desarrollo posterior como seres humanos espirituales y conscientes.
FA:¿Qué deben percibir de los adultos a partir de los siete años?
AM:Esa atención a la creación, esa coherencia –consigo mismos-, esa veneración y ese agradecimiento de los adultos en la primera infancia, sirven para desarrollar en la etapa escolar el amor hacia el resto del mundo. Pero para eso hace falta que los adultos les trasmitamos lo que acontece con entusiasmo y expectación. Los maestros y los padres han de transmitir esperanza; eso deja un poso de ánimo permanente para toda la vida, colocándoles en la disposición positiva necesaria para superar los obstáculos que encuentren cuando sean adultos. Y la mejor manera de transmitir amor hacia el resto del mundo es hacerlo sin sentimentalismos, simplemente al trasladar el conocimiento de las asignaturas con el entusiasmo del que acaba de descubrirlo. Por ejemplo al impartirles botánica, mineralogía, o historia. Cuando miras con alegría e interés sano algo, terminas amándolo, y eso, después de la pubertad, se transforma en una correcta disposición y acción para con el mundo.
FA:¿La solidaridad surge espontáneamente por ese camino?
AM:Eso es. De igual forma que el asombro y la veneración se transforman en amor, el amor se transforma en deber para con el mundo. Las fuerzas de solidaridad no pueden generarse con sermones y amonestaciones, tienen que brotar de él, desde su alma, generadas en sí mismo y con el ejemplo de los adultos. Hoy, por ejemplo, a los adultos les da vergüenza rezar delante de los niños.
FA:¿Cuál es la importancia de la oración?
AM:Con la postura del cuerpo y la compostura del alma adecuadas, la oración se convierte en una vivencia auténtica; en este colegio recitamos cada mañana en las clases, con reverencia verdadera, unos versos que hasta los doce años hacen alusión a la relación entre el cielo y la tierra, y que a partir de esa edad y hasta el bachillerato están orientados a buscar el equilibrio entre el mundo exterior y el mundo interior. Con la actitud adecuada, la oración forma unos maravillosos “tapices” alrededor de la clase y se crea el mejor ambiente para la educación, que parte siempre del encuentro humano entre el maestro y el alumno.
FA:¿Se entiende bien que haya una asignatura de “Ética cristiana”?
AM:Es nuestra asignatura de Educación en Valores, cargada de sentido común y es la vivencia para una verdadera salud social. El fundamento de la Pedagogía Waldorf es cristiano, pero no confesional. En este colegio hay padres de múltiples religiones y filosofías: mormones, judíos, islámicos, protestantes, católicos, budistas, agnósticos, ateos… Pero si en la familia cultivan los actos rituales de sus culturas, fomentan sentimientos de coherencia importantes en el desarrollo de cualquier niño. Por eso, la educación religiosa confesional de cada familia debe “impartirse” en casa y, desde la escuela, la apoyamos. Pero en el colegio, igual que trabajamos la educación científica a primera hora de la mañana y la artística en una segunda franja horaria, al final de la mañana vemos lo religioso. Lo religioso marca lo volitivo, porque en la voluntad están los impulsos del destino. Y en esa franja horaria están las asignaturas conocidas como trabajos manuales, que tienen que ver conreligarsea la tierra: horticultura, talla de madera, de cobre y de piedra; trabajos con lana, zapatería, corte y confección...
FA:¿Qué tiene que ver la religión con los trabajos manuales?
AM:Transformar la materia es nuestra tarea divina. Es dar a la materia la dignidad de lo humano y ponerla a nuestro servicio pero con el debido respeto. La educación espiritual, de todos modos, está presente en toda la enseñanza del colegio, y la asignatura de Ética Cristiana la damos los maestros.
FA:¿Cuál es el enfoque de la educación religiosa?
AM:Sirve para descubrir lo que se oculta detrás de la apariencia, para ofrecer al alumno las fuerzas con las que desvelar por sí mismo la trascendencia de la vida. Se empieza por los cuentos de los hermanos Grimm, para crear espacios interiores. Los cuentos populares siempre hablan de aspectos del ser humano y reflejan un tiempo sin tiempo donde se alude a la unidad. Luego, en segundo curso se trata la dualidad: fábulas y leyendas. Tanto el animal interno que sujetamos, como la superación de pruebas, como San Jorge venciendo al dragón... o acercarnos a la vivencia compasiva en las leyendas de San Francisco. El tercer curso de Primaria, cuando el niño tiene nueve años y se siente encarcelado en su individualidad, encarnado, amaneciendo a la pre-pubertad, hay que presentarles la historia de un pueblo, el pueblo hebreo, la Biblia desde el Génesis a los Macabeos, que es la imagen de un pueblo-yo en muchos individuos. En cuarto, vamos a la mitología céltica, nórdica, germanica, se aprenden runas... Así que hacemos un camino desde la unidad a la dualidad y a la trinidad, y luego, el caos, el mundo de estos locos nórdicos… En quinto, es toda una recapitulación del último arco cultural, empezando por la Atlántida –que nos lo revela Platón en elTimeo-, Finisterre, Irlanda... Mientras la Atlántida se hundía, Manú, el gran guía, se llevó a los que pudo caminando hasta el desierto del Gobi, que era entonces una grandísima floresta, y desde allí parten luego todas las culturas: La Antigua India, donde la creación toda es unidad. Luego, Persia, con la dualidad de Ormuz y Ahriman -el bien y el mal, la luz y la oscuridad-, y los sacerdotes adoradores del sol. En todas las culturas siempre se mira al sol, al Cristo solar, en todas hay reverencia al sol que da la vida, pues presentían la bajada del Cristo a la tierra. De una manera o de otra están Hermes, Apolo..., que son los anuncios. Después llegamos a Mesopotamia, a la gran Asiria y Babilonia, con una epopeya que se conoce poco, la leyenda de Gilgamesh y Enkidu, en la que se encuentran el hombre divino y el hombre humano y se hacen amigos. Uno es velludo y está con las fieras, y el otro es un hombre cultivado, un dios: luchan, se abrazan y hacen juntos un camino para luchar contra el monstruo Utnapistim y salvar a su ciudad, Ur. Muere Enkidu y Gilgamesh llora la muerte de su amigo, tras no poderlo resucitar. Es la primera vez en la historia que se toma conciencia de la muerte. Después está la cultura de Egipto, con la trinidad: Isis, Osiris, Orus, y, finalmente, la mitología griega, con dioses un poco humanos, que hasta se hacen fechorías. Pero ese es un camino largo de la evolución de la conciencia que transcurre desde el pensamiento mítico al pensamiento filosófico. La conclusión fue la lógica, base de nuestro pensar de hoy… y que se transmite a los niños desde las historias de Alejandro el Grande y su maestro Aristóteles... A partir de la sexta clase de Educación Primaria se tratan los Evangelios, biografías de personajes interesantes de la historia que, desde un impulso individual, desde la fuerza de los talentos de su ser que quiere llegar a ser, despliega un impulso social extraordinario. Por ejemplo, Henri Dunant, fundador de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, que tras una experiencia crucial, de encrucijada, cambia el rumbo de su vida e intuye fuertemente su “proyecto de vida”, su dimensión social. También se abordan los diversos aspectos del desarrollo de la personalidad de los muchachos y muchachas y se trabaja con ONGs, como Solidarios para el Desarrollo, Amnistía Internacional, ACNUR, Movimiento contra la Intolerancia. Pero un tema central de esta clase es el estudio comparado de las cuatro grandes religiones: Hinduismo-Budismo, Judaísmo, Cristianismo e Islamismo, visitando sus tempos en Madrid y hablando con sus representantes.
FA:¿Cuándo aparece el destino, la tarea de vida?
AM:En el sexto año, enmarcado en la historia de Roma, en la asignatura de Ética Cristiana, se abordan el hecho crístico, la encarnación del Verbo Divino, las parábolas, las curaciones, las biografías de los grandes: San Pedro, Santiago, San Juan y San Pablo. San Pablo es importantísimo porque representa el “zurriagazo interior”, la vivencia fundamental para que la vida tenga sentido. El camino de Damasco lo tenemos que hacer todos… A partir de ahí es donde colocamos las biografías que los personajes que han encontrado su misión, las ONGs y las charlas de voluntarios para que puedan descubrir dentro de ellos su propio potencial que quiere desplegarse.
FA:Parece un viaje por el tiempo y a través de uno mismo.
AM:Con estas historias entran, efectivamente, en la asunción de su propia evolución –que es la evolución de la conciencia de la humanidad- les ayudas a que entren en la vivencia del tiempo histórico con una presencia increíble. Muchos de los trastornos que tenemos los adultos vienen de no haber aprendido a encontrarnos en la corriente del devenir. Nuestro ir y venir desenfrenado, con prisas, sin tiempo, nos impide encontrar nuestro “tiempo interior” que siempre ha constituido y constituye el punto de anclaje fundamental para el equilibrio vital. Estamos en un momento increíble: un largo camino desde la conciencia mítica, a la filosófica, a la científica y, ahora, a la técnica más sofisticada y terrible. Justo ahora, tenemos la posibilidad de encontrar la libertad pero por nosotros mismos. Y para descubrirnos -y ayudar al joven a descubrir sus impulsos verdaderos- necesitamos meternos en todo ese barro de la historia pero buscando los ideales con los que uno pueda identificarse. Sin pasado no se puede vivir el ahora ni lanzarse hacia el futuro. Sí, estamos dándoles a los alumnos la posibilidad de lanzar su jabalina, de cumplir su destino.
FA:¿Estamos realmente en un momento evolutivo especial?
AM:Sin duda. El año pasado, trabajamos tres o cuatro semanas sobre la película “Y tú qué sabes”, haciéndonos preguntas, debatiendo... Hemos comprobado que los adolescentes tienen una posición de jabalina, de entrever la meta y de poder lanzarla ellos mismos, cada uno... Hace veinte años nadie habría entendido esa película. Todo indica que en nuestra época se está abriendo una gran ventana y que con una pedagogía abierta fomentamos lo mejor para nuestros alumnos.
FA:Parece importantísima la curiosidad
AM:Una de las principales tareas del pedagogo es abrir preguntas, que vayan recociéndose dentro y se transformen en intenciones, en impulsos, en desarrollo. Hay que acoger las preguntas, reconocer la chispa que hay en ellas, y apoyar la curiosidad sana en un sentido verdadero, reverente, hacia el misterio. Todo eso es lo que luego conforma sus propios criterios, que les harán discernir el camino, la opción óptima en situaciones confusas. Se trata de cultivar la confianza en su propia voz interior.
FA:¿Y la creatividad, en qué repercute?
AM:Cuando les das un trozo grande de madera, por ejemplo, para que saquen lo que hay dentro, comienza un movimiento en su interior, una lucha consigo mismos y con su temperamento; sienten el “temblor artístico” por expresar-se de verdad y desarrollan una sensibilidad exquisita hacia la materia y un conocimiento de sí mismos. Y comprueban que cada cosa que hacen reverbera en la totalidad. Luego, cuando sean adultos y se encuentren ante un problema, sabrán enfocarlo desde diferentes lados y no mirar de forma lineal. Por su parte, el trabajo con el cobre, haciendo un cuenco a base de calor con el soplete y de golpecitos –pasando la materia de la plancha plana a lo cóncavo-, permite al adolescente objetivar su “cuenco interior” en formación. Otro ejemplo, el trabajo con máscaras, en segundo de secundaria, es benéfico y una gran ayuda en la búsqueda de su identidad.
FA:¿Qué función tienen los ritos?
AM:Con ellos se celebran las fiestas de todos los tiempos, como solsticios y equinoccios, las estaciones, los acontecimientos cósmicos, a los que hemos dado la vestimenta de nuestra cultura. Así nos unimos al discurrir cósmico y recogemos la herencia cultural humana imprescindible para el propio desarrollo. En el colegio acabamos de tener la fiesta de la cosecha con actividades propias: una sopa riquísima de hortalizas hecha por los niños en la Escuela Infantil, han pisado uva... Es una fiesta unida a la celebración de San Miguel –Patrón de nuestro Colegio y de Las Rozas-, que representa un impulso luminoso para la humanidad del futuro: significa la valentía, el coraje, la fortaleza del hierro de su espada, enfrentarse al dragón, sujetarlo y caminar mirando la meta. Con los alumnos hacemos “pruebas de valor”. Con los pequeños se hacen juegos de equilibrio, de pasar por túneles oscuros, de saltar; con los de Primaria, muchas pruebas difíciles en el gimnasio, y con los de Secundaria se acude a la residencia de ancianos Reina Sofía de La Rozas o se va a los centros de discapacitados Waldorf de Pozuelo o de Villalba para convivir con los residentes. Y en noviembre, hacemos la fiesta del farol con las familias de la Escuela Infantil y de las tres primeras clases de Primaria, coincidiendo con San Martín. Con farolillos confeccionados por los mismos niños se camina al anochecer en el jardín del Colegio, bajo las estrellas, tras oir la preciosa leyenda de San Martín. Se trata de acercarnos a la vivencia de que el Sol se va alejando, y hay que encender la luz interior hasta que se anuncie otra vez en la Navidad, el nacimiento del Cristo-Sol.
FA:¿Cómo se celebra la Navidad ?
AM:Con actividades que rescatan todo su profundo significado, como los saludos de Adviento en los que participa todo el colegio: los cuatro lunes, al comenzar el colegio, a las 8,30 horas, nos reunimos todos los maestros y alumnos en el salón de actos y un maestro cuenta el cuento de los ángeles que van bajando cada domingo de adviento -azul, rojo, blanco y violeta-, dando un impulso a la humanidad y anunciando la llegada del Cristo. Cantamos villancicos y nos vamos a las clases a seguir el trabajo. Se representan además tres Autos de Navidad por maestros, padres y antiguos alumnos: el Auto del Paraíso, el de la Adoración de los Pastores y el Auto de los Reyes Magos. Se trata de unos textos que recuperó Steiner con un filólogo alemán en una isla del Danubio y que conservan las imágenes purísimas de la Navidad en las que se respeta estrictamente el Evangelio, sin ninguna mojigatería ni barniz confesional. Las representamos en el colegio para alumnos y familias y en la residencia de ancianos de Las Rozas. Todo eso nos prepara interiormente para la vivenciar y celebrar la Navidad.
FA:Tenéis fama de ser contrarios a las nuevas tecnologías
AM:Pedimos a los padres que protejan a sus hijos de estar delante de la televisión por costumbre. Cualquier persona con sentido común puede evaluar lo que puede aportar la Televisión a los pequeños. Igual pasa con el ordenador, que puede ser una herramienta para el trabajo –y depende de la edad, claro- o una ventana a “paisajes indeseables”. Los padres tienen que tomarse en serio como “administrar” el uso familiar de esos aparatos. Hoy día ya hay graves patologías derivadas de la adicción al ordenador, a Internet y a los juegos. En el colegio, se introduce en Educación Secundaria, a partir de la asignatura de tecnología y electrónica, en el momento en que pueden cuestionar todos los elementos. Hay que recordar que la tecnología comenzó en elhomo habilis.
FA:¿Qué habilidades conviene conocer primero?
AM:Las actividades manuales se colocan en el currículo Waldorf atendiendo el momento evolutivo del alumno: por ejemplo, se comienza con el proceso de la lana –desde el vellón al tejido-, cultivar la tierra, costura, ganchillo, punto de cruz... Con catorce años se les enseña a hacer patrones para hacer sus trajes para el teatro; zapatillas, cuencos de madera, el proceso hasta la máscara (dibujarla, barro, madera, papel maché...), y otras artesanías antes de llegar a la electrónica, cuando empiezan a ver las tripas a los ordenadores y a manejarlos. Naturalmente, como “mobiliario” corriente de cada casa, ya lo conocen y hasta lo han utilizado para buscar información sobre las asignaturas, nunca para presentar trabajos que siempre deben venir escritos a mano e ilustrados por los alumnos.
FA:Muchas cosas más importantes que los ordenadores de cara a la vida adulta...
AM:Sin duda. Lo básico y previo en el niño pequeño es el juego. El juego libre es “jugar a hacer –y a sentir- como los adultos” pero compartiendo, cediendo el conocimiento y agradeciendo el que reciben. El juego es al niño lo que el trabajo al adulto. Cultivando la entrega y el interés del niño en el juego con sentido, crearemos la capacidad de entrega al trabajo bien hecho que, como adulto, necesitará. Todo parte de la primera infancia, y el futuro se fundamente en los seis primeros años de su vida; ahí es donde se colocan realmente los impulsos para un actuar justo, consciente, social, solidario... Y todos los juegos populares tienen una sabiduría grandísima, algunos toman en cuenta el movimiento de las estrellas, son juegos inspirados.
FA: ¿Alguna práctica concreta para imbuirles los mejores valores?
AM:Hay alicientes mucho más interesantes que las notas y otros látigos. Por ejemplo, lucir un trabajo y saber que todos van a lucirse, y hacer ver algo bonito y bueno de todos los trabajos -porque es verdad que todos lo tienen-; o invitar a ayudarse entre compañeros y que sea un éxito común... entre ellos se ensalzan luego los méritos. También es interesante invitar a que, cuando les guste un trabajo ajeno, feliciten al autor con palabras, abrazos o palmadas... porque en el gesto se expresa el alma... O cambiar reglas en los juegos hasta hacer un juego móvil, y donde todos cooperen.
FA:Es todo un compromiso, ¿propones alguna disciplina a los maestros?
AM:Una ayuda enorme para mejorar nuestro trabajo en el aula es la revisión diaria, la autoobservación de lo que has vivido en el día, es una higiene para el alma, porque se deshace el día en lo lineal y queda sólo la sustancia. Después de limpiar, las imágenes que quedan pierden todas las aristas y todo lo que te ha distraído de la esencia, y se llega al “despertar”. Ese recuerdo, en el estado adecuado de quietud, ya no te muestra la impertinencia, el reto, la propia impotencia... sino que ves en transparencia, ves al ser, ves las cosas sin que te las enturbie la apariencia. Si lo hiciéramos todos, sería la salud mental del mundo. Visionar las vivencias del día es una higiene fundamental que fortalece la disposición anímica para corregir y compensar al día siguiente lo actos acontecidos. Es una fuente de inspiración educativa extraordinaria y sugiere al día siguiente muchos “actos pedagógicos y didácticos” acordes con la realidad de los alumnos.
FA:¿Qué carencias detectas en el profesorado “oficial”?
AM:El noventa por ciento de los maestros y profesores que acuden a los cursos de formación que organizamos en el Centro de Formación de Pedagogía Waldorf de Madrid o a los Cursos Postgrados de Pedagogía Waldorf que organizamos en el Centro Universitario La Salle, provienen de la enseñanza pública y privada, y vienen porque tienen sequía en el alma y les falta la fuerza para ponerse con dignidad delante de los niños. Necesitan otra postura interior. En el fondo quieren hacer los cursos porque intuyen o son conscientes que “legitimarse para educar” pasa por entrar en nuevos procesos de aprendizaje y por emprender un camino interior. Esta disposición de seguir aprendiendo siempre es la idónea para un maestro… y para todo ser humano, claro. El otro diez por ciento de los participantes son padres y madres que quieren formarse como “educadores de sus hijos” y otras personas interesadas en la educación de la juventud. Un maestro que se conforme con ver delante de sí lo físico, está haciéndose tal fraude a su interior, se está engañando de tal manera… En realidad hacen estos cursos de Pedagogía Waldorf porque se han dado cuenta que para “profesar” su “sagrado oficio de educador” necesitan acercarse al lado trascendente de la realidad. Necesitan una orientación sobre todos los aspectos de la vida, visible e invisible, del ser humano; del destino, de lo potencial que está en el niño y que tiene que llegar a desarrollarse. Porque sabe en el fondo que, si no, los estamos machacando y también nos estamos haciendo daño a nosotros mismos. En estos cursos se profundiza en la metodología Waldorf y en la didáctica creativa.
FA:En lo formal, sería importante modificar pequeños gestos...
AM:Los pequeños gestos tienen una importancia absoluta. Aquí, cada día, el maestro tutor –el mismo durante ocho años: de los seis a los catorce- saluda personalmente a cada alumno dándole la mano, llamándole por su nombre, mirándole a los ojos. Es sólo un pequeño gesto, pero importantísimo, que les coloca además una envoltura anímica para afrontar el día. Pase lo que pase en su casa, en esa época de terremotos familiares, su maestro le espera cada mañana con la mano tendida, como quien dice: “Adelante, comienza un día nuevo”.
Fuera llueve a mares. Descarga el otoño el agua que ahorró el verano, y todo invita a guarecerse eternamente, junto a mil y una historias de amor incondicional, bajo el manto de sabiduría de este maestro.
(1) La pedagogía Waldorf fue creada en 1919 en Stuttgart (Alemania) por el filósofo Rudolf Steiner. Las Escuelas Waldorf son centros homologados donde se ofrecen los programas de enseñanza de cada país pero con una educación artística y artesanal integrada. Se fundamentan en tres pilares: el conocimiento profundo del niño –del ser humano en evolución- el desarrollo interior del profesorado y la colaboración familia-escuela. Tras 87 años de experiencia, hoy existen más de 2.000 centros escolares de todos los niveles educativos, 400 centros de Educación especial y 92 Institutos de Formación del Profesorado vinculados a Universidades o acreditados por Ministerios de Educación en más de 80 países de todo el mundo. Más información en:
¿Qué pasa cuando un niño que nunca ha dado una prueba debe ingresar a un ambiente estresante como el universitario?
¿Es verdad que el sistema Waldorf forma puros artistas, o que no están acostumbrados a estudiar?
Ex alumnos y profesores hablaron de sus colegios para discutir esas creencias.
El colegio Giordano Bruno -al igual que la mayoría de los establecimientos educacionales con sistema Waldorf que existen en Santiago- está en Peñalolén. Todo es de madera: los letreros, los juegos, los juguetes hechos por apoderadas que están a la venta en la entrada. En el patio hay un huerto que los mismos alumnos cultivan. Los bancos de las salas son como esos pupitres antiguos hechos a mano. Y las salas de kinder parecen sacadas de un cuento europeo: casas de madera para jugar, muñecos de trapo con sus cunitas y un horno donde los niños preparan su propio pan amasado en las mañanas.
Nada de esto es porque sí. La pedagogía Waldorf está basada en la antroposofía, un movimiento fundado por el filósofo alemán Rudolf Steiner a principios del siglo pasado y que, a grandes rasgos, está centrado en alcanzar lo divino que hay en cada ser humano. Traducido a la educación, este método le da al niño lo que necesita según su momento evolutivo y no lo que la sociedad pretende de él. En pre-básica, por ejemplo, a los alumnos se les crea un ambiente parecido al de una casa, que los contenga. Se estimula el conocimiento a través del juego, las historias, las imágenes y el contacto con la naturaleza.
Posteriormente, durante la enseñanza básica, las salas de clase adoptan un esquema parecido al de cualquier colegio: los bancos uno al lado del otro, mirando hacia el (la) profesor (a) jefe ¿La diferencia? Ese profesor es quien los acompañará durante toda la básica, para así crear un vínculo importante. Además, los alumnos no tendrán que someterse a sistemas de evaluación tradicional como las pruebas, y se les enseñará -en vez de varios ramos simultáneos- una sola materia por mes, que se irá complementando, a lo largo del día, con otras actividades como pintura, música, inglés, alemán o gimnasia Bothmer (también basada en la antroposofía). Muchos de estos ramos, como la pintura, están relacionados con la materia principal; otros, como la música, están destinados a desarrollar la integridad y la inteligencia emocional de los niños.
Diana Huneeus (29 años, sicóloga, ex alumna del colegio Rudolf Steiner y actualmente parte del staff de ese establecimiento) explica las bases: "En la educación Waldorf lo central es respetar los procesos de cada niño y lo que se espera que él desarrolle. No se espera que todos hagan lo mismo", dice. No se trabaja con los mismos textos que exige el ministerio, pero los planes de algunos de estos colegios, como el Giordano Bruno y el San Cristóbal, están igualmente reconocidos por el Mineduc. Los colegios Rudolf Steiner y Waldorf, en cambio, trabajan con exámenes libres.
Cualquiera que lea esto podría pensar que estos colegios tienden a formar niños con una marcada tendencia a la vocación artística o jóvenes con un sistema de vida muy alejado de las exigencias actuales. O sea, ¿cómo se prepara alguien para dar una prueba en la universidad cuando nunca ha tenido que rendir una? ¿Es verdad que no están acostumbrados a estudiar? ¿Cómo funciona una persona que pasa de un ambiente contenido a otro competitivo?
"No es difícil. A mí, al menos, no me costó", responde Sebastián Soria (25), ex alumno del colegio Rudolf Steiner, ingeniero comercial de la Universidad Católica y a cargo de una empresa del rubro panadero que tiene con su papá, quien tuvo mucho que ver con la elección de un colegio diferente. "Mis papás venían de una educación súper tradicional -cuenta Sebastián-, él del San Ignacio y ella de las Monjas Inglesas". Pero quisieron hacer un cambio. "Queríamos que no se perdiera el entusiasmo que tienen los niños por todo", aclara la madre, Paulina Guzmán. "Cuando nos hablaron del Rudolf Steiner pensamos que ahí los niños se podían desarrollar de una manera más completa". Como apoderados, llegaron a estar muy involucrados con el colegio. Tanto, que después formaron otro colegio Waldorf, el San Cristóbal, en el año 2001. Paulina recuerda: "Cuando se fundó el San Cristóbal existía un gran anhelo de hacer un colegio donde se lograra plasmar los ideales Waldorf, tanto en lo pedagógico como en otras áreas; también que se acercara a las vivencias culturales propias de nuestro hemisferio y de nuestra cultura".
"Debo ser el único ingeniero comercial que ha hecho grabados en metal y se ha tejido un chaleco", comenta riendo Sebastián, y explica: "En la educación Waldorf hay un gran desarrollo del área artística y humanista, pero no para formar artistas, sino para desarrollar la personalidad", cuenta. Se refiere, por ejemplo, al método de destinar un instrumento de música para cada alumno. "El instrumento que se le asigna a un niño tiene que ver con su temperamento, para que éste pueda acompañar al niño en su expresión", explica Mónica Waldmann, profesora de kinder del Giordano Bruno, quien ha trabajado con este sistema desde sus inicios en Chile, a fines de los años 60. "Un niño que aprende a tocar piano, por ejemplo, aprende a desarrollar la perseverancia, la constancia y el ritmo de trabajo", agrega.
Sebastián Soria pertenece a una de las pocas generaciones del colegio Rudolf Steiner que llegó hasta cuarto medio: originalmente llegaba hasta octavo, por falta de profesores preparados para enseñar con el sistema Waldorf en la media. Hubo una etapa en que el establecimiento implementó estas necesidades y egresaron tres generaciones: de 1999 a 2001; pero por problemas internos esto se suspendió. Hasta ahora: este año se titula el primer cuarto medio de una segunda etapa en que se pretende, ahora sí, quede establecido permanentemente. No es el único colegio en esta situación. La mayoría de los colegios Waldorf que hay en Santiago llegan solamente hasta octavo básico. El Giordano Bruno quiere crearla cuando tenga suficientes profesores capacitados y el San Cristóbal, el más nuevo, también.
Pero la falta de enseñanza media no es vista como una desventaja. "Cuando tuve que cambiarme de colegio fue fácil y yo diría que fue igual para todos mis compañeros. El ser humano es adaptable", dice Diana Huneeus quien, como muchos otros alumnos Waldorf, tuvo que cursar la enseñanza media en otro establecimiento. "Aunque sabíamos que nos teníamos que cambiar de colegio, en mi generación había un cariño enorme al colegio y ganas de quedarse. Pero creo que también hay alumnos que quieren probar cosas nuevas", agrega.
Sonia Mordojovich, profesora del colegio Giordano Bruno, explica que es una inquietud clásica de los padres tener dudas con respecto a la adaptación de estos niños en otros ambientes: "Pero un niño que sale de este colegio debería tener una gran capacidad de elasticidad", aclara, y agrega que los colegios que más frecuentemente eligen los apoderados para que sus hijos sigan la enseñanza media son el Suizo y el Santiago College. "Nos han dicho que los niños llegan allá con mucho desplante y motivación... traen algo más vital, ganas de aprender", cuenta. Las dificultades de adaptación se dan en algunos durante los primeros meses, "pero dando ese paso, después no tienen problemas", dice.
"Eso de que el sistema Waldorf es para flojos es un mito", dice Sebastián Soria. Hay mucho trabajo, la automotivación te la inculcan desde kinder. Recuerdo, por ejemplo, que literatura y biología eran ramos súper potentes, se les daba mucho énfasis". Agrega que en su colegio nunca les hablaron de la PAA, pero él igual la preparó por su cuenta. "Me faltaba la práctica del sistema que tiene la prueba, porque hay que entrenarla", dice. Diana Huneeus refuerza la idea: "Mi impresión es que, para dar la PSU, el colegio no es suficiente. Pero es igual que muchos otros colegios, donde los alumnos muchas veces complementan su preparación para esta prueba con preuniversitario", explica.
Sebastián ponderó 736 puntos y dice que no le costó adaptarse a la universidad. Eso sí, notaba otras diferencias con los que venían de la educación tradicional. "Muchos sentían que por fin podían ir con pelo largo, fumar... y yo, al revés, no necesitaba hacerlo, ya había aprendido a autorregularme", dice. Lo que tuvo que cambiar fue su sistema de estudio: "No fue fácil acostumbrarme a estudiar en grupo, pero alcancé a revertirlo".
Mónica Waldmann explica que en Europa (donde funcionan cerca de 700 colegios Waldorf, según un estudio de la Asociación Amets Waldorf Euskadi), éstos cuentan con un décimo tercer grado, a diferencia de nuestro sistema, que tiene 12 años de educación escolar. La idea es que el último año esté enfocado en una preparación para salir del colegio. "Es algo que tendremos que enfrentar y decidir cuando implementemos los cursos de enseñanza media", dice.
Sin embargo, la educación universitaria posterior no es la única opción a la que este sistema educacional aspira. "La vocación tiene que representar el deseo de cada niño después de haber percibido libremente toda la cultura. Depende de cada uno y de lo que necesite", dice Sonia Mordojovich.
Marcial Huneeus, hermano de Diana y ex compañero de colegio de Sebastián Soria, cuenta que el Rudolf Steiner no prepara para la PSU, "porque cada alumno decide qué quiere hacer. No se mira la universidad como la única opción".
Sebastián Soria cuenta que entre sus ex compañeros "hay un par dedicados al arte y el resto, de todo un poco: ingenieros civiles, abogados, arquitectos... hasta una química", agrega. Ani Vial, administrativa del colegio Waldorf (creado para los ex alumnos del Steiner que salían de octavo y hoy abierto a niños de otros establecimientos), dice que hay todo tipo de vocaciones: "La mayoría entra a la universidad. Y tienen muy definido lo que quieren hacer. Es bien mezclado, hay harta gente en arquitectura... también algunos en cosas más alternativas como orfebrería, medicina china... pero en realidad hay de todo".
Para Diana Huneeus, que mucha gente piense que ahí se forman sólo artistas es un mito con una explicación: "Acá todos han pintado, han hecho el estuche de su flauta en telar, la bolsa de las bolitas o chalecos. Si es que tu espectro es mayor al de las materias cognitivas que se desarrollan en los colegios tradicionales, obviamente hay más probabilidades de que salgan más artistas. Pero si no tienes eso de forma innata te vas a ir a otra carrera", dice. Y agrega: "Dentro de la pedagogía Waldorf se desarrolla mucho la motivación por conocer. Además, los trabajos no necesariamente son fáciles. Hay una exigencia y dentro de los objetivos se desarrolla mucho la voluntad. Como en todos los colegios, hay todo tipo de niños, algunos con dificultades, otros no".
Otra de las explicaciones de Diana para estas afirmaciones es que ahí no se rechaza a niños que no tienen alto rendimiento. Mordojovich agrega: "Que los colegios Waldorf sean para niños tildados de problema es otro mito: la mayoría está desde kinder. También llegan alumnos que han tenido dificultades en otros colegios y encuentran acá una acogida".
Quien puede dar fe de eso es Cristóbal Galecio (33), egresado de octavo básico del Giordano Bruno. Él nunca se pudo acostumbrar al sistema tradicional. "No tenía feeling con los profesores, enfrentaba mal las clases, lo pasaba mal, me costaba concentrarme. No me interesaba el colegio", cuenta. Agrega: "Que no compatibilices no significa que eres una persona con menos capacidades. Al revés, puedes ser mucho más explosiva educacionalmente".
Él ya había pasado por varios cambios de colegio cuando, a punto de entrar al siguiente, la sicóloga de ese establecimiento le habló a su mamá del Giordano Bruno. "Estaba aceptado y todo, pero esa sicóloga supo lo que a mí me faltaba", dice.
Y no se equivocó. Al Giordano Bruno entró en sexto básico "con un poco de miedo, porque era muy distinto: al principio los encontraba a todos medio hippies, porque eran más tranquilos", dice. Al poco tiempo se sintió cómodo. "No existe el castigo, sino la conversación entre un alumno y un profesor. Estaba acostumbrado a que me castigaran y allá te decían: ‘¿Por qué lo hiciste, crees que eso es algo bueno?’ Tomabas conciencia de lo que habías hecho", relata.
Para él, el cambio fue vital: "Aprendí a no tenerles miedo a los profesores, a relacionarme bien con la gente mayor... Los colegios muchas veces aterrorizan a los alumnos. Ahí me di cuenta de que del adulto uno aprende", relata.
El sistema funcionó perfecto para él: "A medida que el profesor te habla, te pasa una hoja donde pintas lo que te van contando. Te cuentan las historias de Grecia y tú vas dibujando los caballos, las torres... Al final no necesitas escribir la materia ni dar una prueba, se te queda todo grabado". Su paso a la media de otro colegio fue sin problemas. "En primero medio tuve que dar un examen para entrar a otro colegio, uno tradicional. Y me fue súper bien. Daba las pruebas como avión", recuerda. Lo más importante es que, llegado el momento, descubrió lo que quería hacer. "Gracias a todo este trabajo con el arte y la música, supe que lo que me gustaba era la mecánica". Estudió eso y ahora es un exitoso microempresario, dueño de una desarmaduría. "Estoy a cargo de finanzas y administración y lo llevo al pie de la letra, porque hago lo que me gusta. Lo más importante: siempre pude tener mi propia plata. Desde los 15 años hacía pegas de mecánica y las cobraba", relata.
Sebastián Soria aclara que ha observado personas a quienes no le funciona este sistema: "Los que han tenido problemas en otros colegios y llegan con la mentalidad de que ahí se puede hacer todo lo que quieren. No hay resultados, porque no hay conciencia", explica.
Diana Huneeus agrega que el sistema Waldorf no tiene por qué funcionarle a todos: "También hay gente que ha estado desde kinder y se aburren, quieren otra cosa. Puede que esta educación no sea la adecuada para tu camino, por tu personalidad o porque tus padres no acompañan el proceso. Lo que pasa en la familia es fundamental, y creo que no hay que basarse solamente en un colegio para hablar de la formación de una persona", concluye.
La Enseñanza Religiosa
*Hoy en día, muchas personas opinan que se debe librar a los niños en sus primeros años de toda educación religiosa, y que, en todo caso, deberían recibir en la escuela una enseñanza religiosa estrictamente "objetiva"; que ellos mismos sean quienes decidan, a su tiempo, si desean aceptar la religión o no.
Un experimento imaginado
Vamos a imaginar un experimento. Supongamos que los Sres. X han llegado a la conclusión de que son sus hijos los que deben decidir si quieren interesarse o no por la música, y, por consiguiente, rechazan toda educación musical como una intromisión en la libertad de los niños. Los padres llevan esta idea hasta sus últimas consecuencias prácticas: venden el tocadiscos, el piano y el violín del abuelo; echan la armónica al cubo de la basura, el padre cesa de cantar en el cuarto de baño. Los niños van a la escuela, donde los maestros practican un sistema similar, siguiendo las directrices de las máximas autoridades educativas. Los alumnos han de escuchar y leer un montón de cosas sobre estilos musicales, épocas y grandes maestros, y también se les enseña teoría elemental sobre la música. Lo único que no pueden hacer jamás es cantar, tocar un instrumento, oír música. Los niños llegan a la pubertad y empiezan a elegir por sí mismos sus intereses. A través de sus compañeros y de sus diversiones, no pueden evitar llegar a tomar contacto con las canciones de moda de diferentes estilos. Tal vez les gusten estas canciones: pero las clases de música que recibían en la escuela eran grises y aburridas. El camino de la gran tradición musical de Occidente les está cerrado irremediablemente, y cuando por casualidad, durante una visita, oyen en la radio una parte de la "Misa Solemnis" de Beethoven o una sonata de piano de Mozart, no son para sus oídos sino una serie de sonidos sin sentido.
Los sres. X tenían un motivo muy respetable para su modo de proceder, dar libertad a los niños. Sin embargo, las medidas tomadas produjeron justamente el efecto contrario.
Les cortaron la libertad. No por eso los hijos culparán a los padres, ya que no tienen la menor idea de lo que han perdido. En el caso de que alguien cometa la falta de tacto de preguntarles su opinión sobre un compositor o un estilo musical, responderán generalmente con un encogimiento de hombros: "No soy musical".
Si gran número de familias aplicaran las ideas de los Sres.X y una Dirección centralizada de la enseñanza las pusiera igualmente en práctica, las consecuencias para la vida musical del país se harían patentes todo lo más tarde, después de dos generaciones. Las salas de conciertos estarían casi vacías, los comercios del ramo musical tendrían que cerrar, la mayoría de los músicos se verían obligados a buscarse otro trabajo. La existencia de muchas personas se vería profundamente influenciada, ya que se habría hecho tabla rasa con una cultura musical desarrollada a través de los siglos. En resumen, en el campo de la música nos encontraríamos en una situación que evocaría la situación real en que nos encontramos hoy con respecto a la religión.
La predisposición religiosa
El experimento imaginado, naturalmente, es absurdo, pero penetra en el núcleo del problema. Bien sabemos que las predisposiciones del niño necesitan cultivo para que puedan desarrollarse y convertirse en capacidades, esto ha sido muy bien investigado en el campo de la vida intelectual. Existen pruebas de que los padres pueden ejercer gran influencia en el desarrollo de la inteligencia de sus hijos de forma decididamente positiva si durante su tierna infancia juegan con ellos y sobre todo si les hablan mucho. A ningún psicólogo se le ocurriría aconsejar a los padres que renuncien a jugar y conversar con sus hijos, para que cuando éstos sean mayores pueden decidir por sí mismos si quieren o no ser "intelectuales".
Cuántas personas son hoy indiferentes en materia religiosa: "Yo no me preocupo de si hay un Dios o no lo hay", o insatisfechos en cuestión de religión dicen: "Bien quisiera rezar a un ser superior, pero me es imposible", y son indiferentes o están insatisfechos, no porque no posean disposición alguna para la religiosidad, sino porque se ha descuidado su educación a este respecto.
Nadie afirmaría que aprender a temprana edad a cantar o a tocar la flauta no sea compatible con la libre decisión del niño en el futuro. En realidad, el ocuparse tempranamente de la música -como algo completamente natural - es el único medio de asegurar su libertad de elección. Los niños no podrán ser más tarde músicos o aficionados a la música si no han adquirido facultades de percepción y habilidad con la práctica. Sólo si conocen la música serán libres para tomar una posición con respecto a un concierto o a la ejecución propia.
No existe motivo alguno para ver el problema de forma esencialmente distinta dentro del ámbito religioso. No obstante, existe una diferencia importante por el hecho de que la capacidad de vivencia religiosa -como nos enseña el transcurrir de la historia- tiene un significado decididamente mayor que la vivencia musical para la estructuración práctica de la vida humana. Excluir a los niños de las experiencias religiosas es una intromisión mucho más profunda en su vida que la de resguardarlos de toda vivencia musical.
El tema de la libertad religiosa
La libertad religiosa no es completa si no incluye el derecho y la posibilidad de poder llegar a ser una persona religiosa.
Aquí adquiere actualidad un problema que, expresado de forma algo inaudita puede ilustrarse con la siguiente pregunta. Supongamos que unos padres ateos, a fin de asegurarles a sus hijos una futura libertad de decisión, deseen que sus hijos tomen parte en experiencias religiosas desde la edad del jardín de infancia: ¿procederían correctamente, forzándose, por ejemplo, a rezar con ellos?
Este planteamiento es abstracto. Un modo de proceder así sería profundamente insincero. De todas las falsedades a las que puede exponerse a los niños, ésta sería una de las peores.
Para aquel que puede penetrar en el conocimiento antroposófico del hombre y aceptarlo, resulta cada vez más natural respetar las situaciones elementales de la vida: la acción recíproca entre el medio ambiente del hogar y la naturaleza del niño, constituye para él una configuración llena de sentido, que no puede juzgarse desde el punto de vista de los deseos personales, y en la que nadie tiene derecho a intervenir con tosquedad.
Quien haya conocido familias ateas en las que existe un contacto bueno y profundamente anclado entre padres e hijos, y; por otra parte, hogares religiosos donde las relaciones humanas se han descuidado y torcido, no se permitirá emitir juicios generales en cada caso particular.
Actitud práctica de la Escuela Waldorf
De las consideraciones anteriores, resulta comprensible la actitud que adoptan los cuerpos docentes de las Escuelas Waldorf en lo que respecta a la enseñanza religiosa.
Cuando en el año 1919 se fundó la primera Escuela Waldorf, la idea original de Rudolf Stiener fue encargar las clases especiales de religión a representantes de las Iglesias Católica y Protestante-evangélica, correspondiendo al deseo y credo de los padres. Pero al mismo tiempo quería que los niños cuyos padres no pertenecían a ninguna Iglesia, recibieran una forma particular de enseñanza religiosa, con el propósito de satisfacer las necesidades propias de cada edad. De este modo se instauró la "enseñanza libre de la Religión Cristiana".
En los diferentes países se sigue el mismo procedimiento, con ciertas variaciones, teniendo en cuenta las condiciones naturales de cada lugar. Toda comunidad religiosa tiene la posibilidad de impartir, si los padres así lo desean, las clases de religión, ya sea dentro del horario de la escuela o en horas distintas. Se aconseja encarecidamente a los padres que dejen a sus hijos tomar parte en alguna enseñanza religiosa.
Los representantes de las distintas comunidades religiosas estructuran su enseñanza en completa libertad. Es deseable, naturalmente, que exista una cierta colaboración con los demás maestros en las cuestiones del tratamiento de los niños. Muchos de los maestros de religión “forasteros” aceptan de buen grado los contactos con la escuela, ya que, dentro del marco de toda la enseñanza restante, se cultiva de forma no confesional la disposición religiosa del niño; otros prefieren entrar y salir silenciosamente.
Aquí sólo podemos bosquejar el valor pedagógico insustituible de una instrucción verdaderamente religiosa. Este valor consiste en facilitar una tendencia a la profundidad, a la transformación, a la elevación interior; la autoeducación del joven y la veneración de un mundo superior, tiene conjuntamente un efecto positivo.
Acerca del plan de estudios de la enseñanza libre de la Religión Cristiana La enseñanza libre de la Religión Cristiana la imparten los maestros Waldorf. Al igual que la enseñanza confesional, se mantiene al margen del plan general de estudios de las Escuelas Waldorf, y, en cierto modo, constituye una enseñanza privada en el marco de la escuela.
Los fundamentos son cristianos, sin compromiso confesional alguno. Los alumnos deben obtener las condiciones que les permitan adoptar un criterio propio e inteligente en cuestiones religiosas a partir de la pubertad. En los cursos primero a cuarto, la enseñanza consiste en narraciones que despiertan la veneración hacia Dios y hacia lo divino en la Naturaleza, y que pueden dar fuertes impulsos para desarrollar cualidades humanas, como agradecimiento, amor a la verdad, devoción, disposición para ayudar. De quinto a octavo, se hacen relatos sacados de los Evangelios y descripciones biográficas de personajes históricos procedentes de ambientes culturales y religiosos muy distintos, y que han resuelto sus problemas en la vida de modo ejemplar. En los cursos noveno a duodécimo, se ofrecen descripciones tomadas de la historia de la religión y de la Iglesia, dando lugar también a las exposiciones de las religiones no cristianas. Los límites de edad antes mencionados no necesitan observarse siempre estrictamente; de modo que pueden presentarse perfectamente descripciones biográficas ya en cuarto, si la situación de la clase o de algunos de los alumnos, nos lo hacen sentir conveniente.
Para los niños que toman parte en la enseñanza libre de la Religión, se prepara una vez por semana un acto religioso, que fue instituído por Rudolf Steiner. La participación en el “acto dominical” para los niños pequeños, hasta octavo; la “ceremonia de la juventud” para noveno y décimo y en el “acto de la ofrenda” para los mayores, es, desde luego, voluntaria. Los padres de los niños son asimismo bienvenidos.
El principio de la tolerancia
En la enseñanza religiosa del noveno curso, un día un alumno preguntó acerca de cuál era la actitud ante la vida que dominaba en los círculos de la Iglesia libre. La maestra empezaba a responder, cuando uno de los muchachos de los últimos bancos se puso a gesticular con vivacidad, señalando a uno de sus compañeros que estaba sentado en los bancos delanteros cuya familia pertenecía a la Iglesia libre. Su propia concepción del mundo era escéptica y confusa, pero el muchacho sentía evidentemente temor de que la maestra dijese algo que resultara repelente u ofensivo para su compañero.
A veces se plantea la cuestión de si no existirá el peligro de que una enseñanza religiosa diferenciada, como se imparte en las Escuelas Waldorf, pudiera llevar a mórbidos sentimientos de grupo, o engendrar incluso intolerancia.
Quien haya colaborado algunos años en una de estas escuelas, habrá tenido ocasión de vivir con frecuencia experiencias como la del episodio, anterior. Se trata de un principio fundamental: Tolerancia. Esa actitud anímica de respeto y comprensión hacia otras personas y sus convicciones, circula como una corriente fuerte y profunda por toda la biografía de Rudolf Steiner, y es uno de los impulsos más intensos que ha legado a sus discípulos. En su obra filosófica principal, "La Filosofía de la Libertad", uno de los pasajes más decisivos dice así: "Vivir es el amor al propio obrar y dejar vivir comprendiendo la voluntad ajena es la máxima fundamental del hombre libre”. (Capítulo IX. La idea de la libertad).
El mismo impulso satura toda la pedagogía Waldorf, y alcanza una expresión especialmente clara en un curso que dio Rudolf Steiner en abril de 1923 para maestros checos y alemanes. En una de estas conferencias (la del 23 de abril) resumió en breves palabras las aspiraciones de la pedagogía Waldorf en lo relativo a la educación social. Decía: "Reflexionen sobre lo que se deriva de estos dos principios: entrega llena de amor a las propias obras, abordar con comprensión los actos de los demás. Que los hombres puedan colaborar en lo social, es únicamente el resultado de esto. Ustedes pueden recorrer eones de tradición: No podrán obtenerlo por medio exterior alguno, tendrán que extraerlo de las profundidades de la naturaleza humana".
Cuando los diversos grupos, diferenciados según el deseo de los padres, entran en aulas distintas con sus respectivos maestros de religión, la Escuela Waldorf hace realidad de un modo visible el principio de la tolerancia y contribuye a fomentar en los alumnos la misma actitud. Este proceso se percibe como algo absolutamente actual. Las amplias diferencias que se manifiestan en la manera de pensar de los hombres, son un hecho inevitable y no conduciría a nada querer extinguirlas o hacer como si no existieran. Lo único que podemos hacer es aprender a convivir en plena consciencia de nuestras profundas diversidades interiores y, por lo tanto, en plena comprensión recíproca.
*Extraído del Libro "Una Educación Hacia la Libertad" de Frans Carlgren
Una pedagogía para un mundo mejor
“Educar no significa llenar un barril, sino encender una antorcha” Heráclito
Propuesta Educativa
La pedagogía Waldorf posee el potencial de convertirse en el impulso pedagógico del futuro, en el cual la individualidad libre y creativa sea el objetivo principal de la educación.
Las escuelas Waldorf pueden apoyar a cada niño en su desarrollo individual, porque están basadas en un profundo conocimiento de la naturaleza humana--formada por espíritu, alma y cuerpo--y de los factores que propician el despliegue y realización de las potencialidades del ser.
La aspiración de la pedagogía Waldorf es educar a la totalidad del ser humano: su cabeza, su corazón y sus manos. Los programas de estudios combinan armoniosamente actividades intelectuales, artísticas y prácticas. Música, movimiento, canto y pintura no sólo son materias, sino que también se las incorpora como un medio de aprendizaje en materias curriculares como matemática, lengua o ciencias sociales. Éstas también se adaptan dinámicamente a las necesidades y características del niño en sus diferentes etapas evolutivas. Así se incentiva el desarrollo de todas las fuerzas y facultades del niño en su crecimiento: interés por el mundo, creatividad, una moral sana, sensibilidad por el arte, pensamiento propio, habilidades manuales, fuerza de voluntad, inteligencia emocional y virtudes sociales.
Uno de los propósitos fundamentales de la Pedagogía Waldorf es impartir una educación cuyo contenido pueda ir creciendo en el alma del niño a la par de su desarrollo. De esta manera la enseñanza se transforma en un impulso vivo que trasciende el aula de clase acompañando al niño durante todos los años de su vida.
"No hemos de preguntarnos qué necesita saber y conocer el hombre para mantener el orden social establecido; sino ¿qué potencial hay en el ser humano y qué puede desarrollarse en él? Así será posible aportar al orden social nuevas fuerzas procedentes de las jóvenes generaciones" Rudolf Steiner
Historia
La pedagogía Waldorf tiene sus raíces en la investigación del científico y pensador austríaco Rudolf Steiner (1861-1925), uno de los pilares del movimiento ciudadano por la renovación social. En 1919, en una Europa que se debatía al borde del caos después de la I Guerra Mundial, Steiner visitó la fábrica de cigarrillos Waldorf-Astoria en Stuttgart, Alemania, y habló a los obreros sobre la necesidad de una transformación social a través de la educación. Emil Molt, el director de la fábrica, decidido a apoyar esas ideas y dar respuesta al entusiasmo suscitado por ellas entre los trabajadores, pidió ayuda a Steiner para la creación y dirección de una escuela, fundada en tales principios. Así nació la Escuela Libre Waldorf.
La educación que recibieron estos niños fue tan innovadora y evolucionada que pronto comenzaron a surgir escuelas Waldorf en Alemania y luego el movimiento de escuelas Waldorf se extendió por el resto de Europa y el mundo. Hoy en día hay cerca de 1000 escuelas, en más de 50 países, además de escuelas públicas que aplican métodos Waldorf para enriquecer sus enseñanzas. Tanto es así que la UNESCO apoya y promueve esta pedagogía destacando la educación que en el niño logra sin descuidar los aspectos relacionados con su salud física y emocional.
“Recibir al niño con respeto, educarlo con amor, dejarlo ir con libertad.” Rudolf Steiner
Jardín de Infantes
Los niños pequeños se entregan totalmente a su entorno físico; absorben el mundo sobre todo a través de sus sentidos y responden con el modo más activo de aprendizaje y conocimiento: la imitación. La imitación es la capacidad de identificarse con el entorno a través de la voluntad activa. Todo le habla al niño a través del tono de voz, el contacto físico, los gestos corporales, la luz, la oscuridad, el color, la armonía, y la desarmonía. Estas influencias son absorbidas por el organismo, todavía muy maleable, y lo afectan para toda la vida. Adultos que actúan con cariño, aulas diseñadas con amor, cuentos de hadas, danzas en ronda, teatrillos, etc. proporcionan a los niños el cobijo y el estado de seguridad que necesitan para desplegar su ser. El entorno ha de ofrecer al niño amplias oportunidades para la imitación plena de sentido y para el juego creativo. Esto apoya al niño en la actividad central de estos primeros años: el desarrollo de su organismo físico. Desviar las energías del niño de esta tarea fundamental para atender exigencias intelectuales prematuras le roba al niño la salud y vitalidad para su vida posterior. En últimas, debilita las mismas capacidades de juicio e inteligencia práctica que se quiere fomentar.
En el jardín de infantes el niño despliega, a través del juego la fuerza de la imaginación, condición para toda actividad creativa en la vida. Los juguetes en los jardines Waldorf están hechos de materiales naturales que estimulan los sentidos, son “reales” y están concebidos de tal manera que no tienen una forma completa, dando cabida a la fantasía y la propia imaginación del niño. Cuanto más simple sea un juguete, más diverso será su uso: un vellón de lana puede ser una oveja, un conejo, o nieve. Los niños jugando imitan el mundo de los adultos: construyen casas a partir de telas de colores y bastidores de madera; se disfrazan y se vuelven madres y padres, reyes y reinas. Con canciones, cuentos, poemas y rondas aprenden a disfrutar de un lenguaje rico y diferenciado, y acompañan los ritmos del día, la semana, y los cambios de estaciones del año. En un entorno hogareño, los niños imitan a las maestras en sus actividades y cultivan quehaceres útiles: cocinan, hacen pan y preparan ensaladas de frutas para una merienda sana, cultivan la huerta, hacen manualidades, pintan, dibujan y modelan, lavan y ponen las cosas en su lugar. Así experimentan el sentido del trabajo humano y lo recrean. Involucrarse totalmente en este tipo de actividades es la mejor preparación del niño para la vida. Desarrolla las capacidades de concentración, el interés, y el amor por aprender.
“El QUÉ, en la educación, aparece por las necesidades sociales, que deben ser captadas con verdadero interés en cuanto a lo que la persona debe saber y poder para ser un individuo capaz en su tiempo. Pero el CÓMO, cómo transmitirles algo a los niños, eso se encuentra sólo a partir de un profundo, detallado y amoroso conocimiento del ser humano”
Primaria
Cuando los niños están listos para dejar el jardín y entrar en primer grado, están deseosos de explorar el mundo entero por segunda vez. Antes, se habían identificado con él y lo habían imitado; ahora a un nivel más conciente, están listos para conocerlo otra vez por medio de la imaginación-- ese poder o capacidad extraordinaria de la cognición humana--que nos permite "ver" una imagen, "oír" una historia y "adivinar" los significados dentro de las apariencias. Por eso durante los años de la escuela primaria, la tarea del educador es traducir todo lo que el niño necesita saber acerca del mundo al lenguaje del arte y la imaginación, un lenguaje que es tan exacto y corresponde tanto a la realidad como el análisis racional para el adulto. Las riquezas de épocas antiguas menos intelectuales, con sus leyendas, mitos y relatos folklóricos, que dicen la verdad a través de parábolas e imágenes, se vuelven fuente inagotable de tesoros para el maestro. La naturaleza, el mundo de los números, las matemáticas, las formas geométricas y el trabajo práctico del mundo, cuando se miran a través del lente de la imaginación se vuelven el mejor alimento para el alma del niño. Todo aquello que apela a la imaginación y al sentir verdadero activa y moviliza los sentimientos, facilitando el aprendizaje y la memoria. Los años de primaria son el tiempo para educar la "inteligencia del sentir". Es sólo después de los cambios fisiológicos de la pubertad, con los cuales se completa la segunda gran fase de desarrollo del niño, que el aprendizaje imaginativo sufre una metamorfosis para emerger como capacidad racional y de abstracción intelectual.
En el Aula
El día escolar comienza con una clase extendida, que puede llegar a las dos horas, en la que se trabaja sobre una materia. Esta clase extendida, llamada “clase principal”, le permite al maestro desarrollar una amplia variedad de actividades en torno al tema que se esté tratando. Se incluyen ejercicios rítmicos con movimientos corporales que activan la circulación, armonizan el grupo y estimulan la concentración. Además, se trabaja por épocas, es decir, que la clase principal está dedicada a una sola materia durante toda una época que abarca varias semanas. Esto ayuda a los niños a concentrarse en una asignatura y permite un real proceso de comprensión y profundización gracias a la maduración natural que se efectúa luego por el reposo de lo aprendido. Los conocimientos tienen así oportunidad de ser procesados y decantar, para ser reflotados luego, al cabo de un tiempo, en la siguiente época de la misma materia.
El programa de estudios se puede equiparar a una espiral ascendente: a medida que los niños maduran, se conectan con cada materia a un nivel diferente de experiencia. Es como si cada vez alcanzaran una nueva ventana en la espiral desde la que se mira al mundo a través de la lente de cada asignatura.
Después de la clase principal, se trabaja con las materias especiales: idiomas (inglés, alemán), pintura, música y movimiento, gimnasia, trabajos manuales, huerta, etc. Los maestros de las clases especiales trabajan en estrecha colaboración con el maestro de grado tratando de articular sus materias en torno a los temas que se tratan en la clase principal.
Los maestros de grado acompañan a sus niños desde el primero al último año de la escuela primaria. Esto permite que el maestro llegue a conocer profundamente a sus alumnos y pueda crecer y desarrollarse con ellos. El tener que prepararse para nuevos temas cada año favorece la renovación y evita el estancamiento. Al niño le ofrece un sentimiento de unidad y un referente que le brinda seguridad.
Las artes y las actividades prácticas
Las artes y las actividades prácticas desempeñan un rol esencial en el proceso educativo en todos los grados. No son consideradas como actividades secundarias, sino como elementos fundamentales para el crecimiento y el desarrollo.
Para asegurar que la educación no produzca individuos unilaterales, atrofiados en su salud emocional y su capacidad volitiva, estos aspectos menos concientes de la naturaleza humana deben ser constantemente ejercitados, alimentados y guiados. Es aquí donde las artes y las actividades prácticas hacen su mayor contribución, educando el corazón, las manos y también, de modo muy real, el cerebro.
El arte no está relegado a las materias específicas (dibujo, pintura, música, etc.), sino que forma parte de la enseñanza de todas las materias. El docente debe encarar y transmitir todo lo que enseña de una manera artística e imaginativa.
Todos los niños participan de las actividades sin importar sus aptitudes personales. El objetivo de estudiar las diferentes materias no es convertirse en profesionales de las mismas, sino despertar y educar las capacidades que el ser humano necesita para desarrollarse armónica y plenamente.
Los niños que han trabajado a lo largo de su educación con el color y la forma; con el tono, la música, el movimiento, la actuación dramática, el lenguaje, con la arcilla, la madera, la acuarela, la lana, con la tierra y las plantas, no sólo han trabajado creativamente, activando, clarificando y fortaleciendo sus emociones, sino que han puesto en práctica su pensamiento y su sentimiento en el ejercicio activo de la voluntad.
“Nuestro más elevada meta ha de ser educar seres humanos libres, capaces de impartir desde sí mismos, propósito y dirección a sus vidas" Rudolf Steiner
Espiritualidad y Religión
La educación Waldorf está implícitamente permeada de espiritualidad; cultiva la devoción natural del niño y el respeto y admiración por la naturaleza y los seres humanos. El curriculum incluye un amplio espectro de tradiciones religiosas sin favorecer una por sobre otra. Se respeta el credo religioso de cada familia.
Celebración de Festividades
Los niños vivencian de manera intuitiva los procesos de la naturaleza en el cambio de las estaciones del año. Las festividades anuales son para ellos momentos culminantes de su religiosidad natural. A cada estación y a cada edad se asocian cuentos, historias, artesanías y canciones, de las que abundan en todas las culturas, y que profundizan la unión del niño con la naturaleza y con todo su entorno, despertando en él una leve noción del enigma del ser humano.
Cada escuela decide individualmente que celebraciones concuerdan mejor con las necesidades de sus alumnos en particular, adaptándose a las tradiciones históricas y culturales de las comunidades que las rodean.
La pedagogía Waldorf fue fundada en 1919 por Rudolf Steiner y desde entonces existen cientos de escuelas que siguen esta metodología en todo el mundo. Christopher Clouder es el presidente de la Federación de Escuelas Waldorf y fue entrevistado hace dos años en La Vanguardia.
La idea fundamental es que la educación debe respetar y apoyar el desarrollo fisiológico, psíquico y espiritual del niño. Para conseguir un buen desarrollo intelectual debe existir una base emocional sólida.
La enseñanza se divide en septenios (ciclos de siete años), siendo el primero el comprendido entre los 0 y los 6 años. Clouder comenta que en esta etapa el aprendizaje viene a través del juego. Los objetivos se centran en estimular los sentidos y la imaginación y en fortalecer la voluntad de cada niño.
Los niños necesitan sentirse arropados y seguros para poder desarrollar sus virtudes: “Cuando ellos saben que los adultos a su alrededor respetan esos talentos, pueden hacerlos florecer”, comenta.
Lo más importante en esas edades es que los niños sean niños: “Hay mucho tiempo para ser adulto y muy poco para ser niño”. Esto quiere decir que juegan y aprenden con el movimiento, dejando un poco de lado la típica disposición de las escuelas tradicionales en que los niños aprenden sentados en una silla.
Si en esta etapa prima el juego sobre todas las cosas muchos padres y lectores se preguntarán: “¿Y cuándo estudian?”. La respuesta es que lo hacen a partir del segundo septenio, es decir, en el primer período no les enseñan a leer ni a escribir aunque eso no quiere decir que se desatienda esta faceta: “A través del juego se les dan las capacidades del lenguaje para que en la siguiente etapa aprendan rápidamente a leer y escribir. Lo fundamental es que perciban que aprender es una experiencia alegre, así pasan a la segunda etapa con muchas ganas de aprender.”
Desde la pedagogía Waldorf tratan de permitir que los niños tengan desafíos en la educación desde una perspectiva integral. Tan importante es el qué se aprende como el cómo se aprende y por eso otorgan especial importancia al crecimiento personal y al establecimiento de un buen grado de empatía.
Para que los niños sean felices y para que se establezca un clima de cooperación y de sentimiento de grupo formado por personas de igual valía cada “niño debe competir consigo mismo, no con sus compañeros, esa educación emocional les da seguridad y capacidad de colaboración.”
Clouder habla también de un problema acuciante en la infancia actual como es la hiperactividad y/o el déficit de atención y lo achaca a que “convertimos a los niños en consumistas. El consumo, por definición, nunca se satisface, siempre hay algo mejor, y los niños son muy vulnerables a eso” y a que tienen “demasiadas obligaciones. La tensión de medirse con los otros y la que soportan por un suspenso es un drama en su vida”.
En referencia al importantísimo papel de los padres en la educación de nuestros hijos comenta que “ser padre hoy día es difícil, porque la extensión de la familia tradicional se ha perdido y con ella la diversidad de modelos. También han perdido el contacto con la naturaleza, que es muy nutritiva para ellos. Mi consejo sería que los padres sean conscientes de que sus hijos necesitan naturaleza y tiempo, porque la palabra que más oyen es corre. Einstein decía que si quieres que tu hijo sea sabio, cuéntale historias; y si quieres que sea más sabio todavía, cuéntale más historias. Cuéntenles a los niños historias cada día, cuentos y más cuentos de hadas”.
Nuestro hijo empieza el colegio dentro de 8 meses y andamos enfrascados en la difícil elección de un colegio que nos guste para él. En plena preocupación pienso: “¿Por qué no habrá una escuela así donde vivo?”
La filosofía de trabajo de las escuelas Waldorf se asemeja bastante a la empleada en Finlandia, de la que ya hablamos en Bebés y más. No aprenden a leer ni a escribir hasta los siete años y si a algún niño le cuesta le permiten empezar a hacerlo incluso a los ocho. Puede resultar paradójico, pero los finlandeses son los que mejores resultados académicos obtienen según el informe Pisa (España está en el puesto 35 de los 57 países participantes).
El objetivo de ambas es que los niños crezcan los primeros años sentando unas bases emocionales sólidas que hagan crecer el amor por uno mismo y por los demás.
Más adelante, una vez se dan cuenta de su importancia como personas y como seres individuales (autoestima y confianza en sí mismos) comienzan a aprender, de esta manera empiezan a leer cuando son capaces de entender lo que leen y más importante aún, cuando tienen el interés y la curiosidad de hacerlo.
LA PEDAGOGIA WALDORF: UNA RESPUESTA ALA EDUCACION DEL NIÑO DE HOY. (Heidi Bieler)
A menudo, cuando me encuentro con un niño pequeño, me siento inspirada por profundos asombros: “¡Que valiente eres Tu por venir a este mundo tan inhóspito, tan complejo!” Y, al mismo tiempo, pienso que cada generación quiere aportar algo nuevo a la tierra, quiere dar un paso más en el progreso de la humanidad.
Cuando era una niña pequeña (nací y crecí en Suiza, durante la Segunda Guerra Mundial), pude jugar con mis hermanos y amiguitos del barrio, con escasas limitaciones y grandes dosis de libertad para moverme en la calle; entre otras razones, porque circulaban muy pocos coches por falta de gasolina.
LA DIDÁCTICA EN EL AULA A TRAVÉS DE LAS ESTACIONES DEL AÑO
(Elena Martín-Artajo)
El ritmo y la vida son dos conceptos inseparables. Todos los seres vivos revelan unas características rítmicas en su forma, movimiento y crecimiento.
El recién nacido comienza su vida en la tierra fuera del vientre materno con una gran inspiración, iniciando así su largo camino de aprendizaje. El sistema respiratorio, el cardiovascular, son los sistemas rítmicos más conocidos en nuestro organismo, pero hay otros muchos que se difunden por todo el cuerpo por ejemplo, el líquido de la columna vertebral sube y baja los músculos del estómago y de los intestinos también ejecutan movimientos rítmicos…
Una audición radial de Suiza, dedicada a las escuelas Waldorf, se titulaba: "¿La escuela de ayer para la educación de mañana?" ¿Es posible que la escuela Waldorf, mejor dicho su pedagogía, ya no sea actual o acorde a los tiempos que corren?El siguiente escrito se propone indagar esta cuestión.
Ante los niños que comienzan el colegio, podemos hacernos una gran pregunta que puede ser el motivo principal de nuestro trabajo pedagógico. ¿Cómo tengo que trabajar para que estos chicos y chicas, cuando sean adultos, estén capacitados para dar respuesta - con una alta conciencia moral a los retos que la vida les planteará? En suma, ¿cómo tengo que educar para la vida? La respuesta o una de las respuestas posibles es sin duda: cultivar la imaginación.
“MUCHO TIEMPO PARA SER ADULTO, POCO PARA SER NIÑO"
LA CONTRA (LA VANGUARDIA) Entrevista a Christopher Clouder. Presidente de la Federación de Escuelas Waldorf.
Tengo 60 años. Nací en York y vivo en Sussex, en el sur de Inglaterra. Estoy licenciado en Humanidades y toda mi vida la he dedicado a la pedagogía: ahora formo profesores. Casado, dos hijos y cuatro nietos. Soy un socialdemócrata. Creo que el hombre no es sólo lo físico, sino que también es una entidad espiritual que debe desarrollarse.
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La Estrella - Antioquia